Mientras el infortunio de un pascuero
suicida, que en el alféizar vacila,
me enseña cuánto el miedo se cavila
al pensar: "es mejor el agujero".
Y, mientras empaqueta mi mochila,
me presagio mi viaje lo primero:
"¡Uf! Ella lo organiza, yo me muero
o nunca llego o el tren se descarrila".
¿Para mí no habrá algún saber hogaño
que me socorra?, porque es manifiesto
que esta o bien me extrema o me jubila.
¿O es que existe un amor tan grande en esto
que me engasta el temblor en la pupila,
la luz en la mañana y amor al daño?
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miércoles, 28 de marzo de 2018
sábado, 17 de febrero de 2018
Ciclo de sonetos del tránsito
Este conjunto de sonetos lo confeccionó el joven José María como un "ciclo" que debería, al menos, recoger algunas de sus vivencias cuando salió de Granada. Vuelve sobre sus temas preferidos y recurre a una densidad semántica que se refuerza en las recurrencias del conjunto de los cuatro poemas. Sea como fuere, no sabría decirles quién es el destinatario del tercer soneto -alteridad de sí mismo o invención poética inspirada en el romancero nuevo-, puesto que nunca volvió a su ciudad natal. Lo cierto es que recoge de nuevo algunas de sus imágenes y lexías para una nueva singladura formal donde las arquitecturas de sentidos se complementan entre sí.
I
Yo, entonces,
me soñaba tantas veces,
siembra de
pensamientos sin cosecha
que esperan con las
manos una fecha
por
entre un mar escuálido de peces
y oscuridad despierta.
Inercia. Creces;
y el alma entre las sábanas deshecha
y arrojada; y la travesía estrecha
que nunca te saciaba.
Más no reces:
cada noche serás un
extranjero;
y el
tiempo, dando al río su sonido,
ayer, como mañana, fue venero
por la tierra de lo que siempre has sido.
Y un día llegarás por el sendero
vencedor de ti mismo y
del olvido
II
Amigos, hemos ido por
sus calles
tantas veces: su fuga
en las montañas,
la alcazaba morisca,
las extrañas
huellas, mi historia
limpia de detalles
y enemigos. Memoria,
no me falles:
lecturas, maestros,
héroes sin hazañas
y el alma floreciendo
en las entrañas,
mis viajes, reverberos
por los valles
escondidos y ver
soles ajenos
cada noche, últimos
hogares, nombres.
El tren. Distancia y
sueño en la ventana.
No podemos llevarnos
el mundo. Hombres
somos. Y nada más y
nada menos.
Palabras... ¡Amigos!
¡Siempre es mañana
o nunca! Mi Granada...
¡Granada
de los buenos!, tierra adentro:
todo es irse, marchar
sin ti, sin centro.
III
Cuando llegues, compañera, rendida
por el recorrido arduo y los errores,
allí donde se templan los albores
en el poniente de la mar vencida,
donde el puerto recluido y las barriadas
bigarradas, allí verás mi tierra
y el mar como una herida que no cierra
y un resto de colinas olvidadas.
Mira y cruza. Descansa en su bahía
y, mientras recordamos nuestra triste
ausencia, dile al acabar el día,
ante el océano en levante y en pedazos,
con la sal en los labios, que volviste
como la hija que vuelve hacia los brazos.
IV
Amor, para
quererte te he encontrado
tantas
veces. He andado por las frías
noches en
las arboledas vacías,
hechas de mí
por alguien ya pasado.
Porque para
quererte te he perdido
cada día
por mis tierras heridas
y un hondo
sueño de aves no cumplidas
donde nunca
volvías de mi olvido.
Te he
buscado bajo la luz dormida,
en el verso
temprano, en la mar pura,
entre las
rosas de mi sangre oscura.
Y si es que
yendo hacia ti he de perderte,
te crearé
en mi soledad vencida
una y otra
vez, aunque jamás despierte.
martes, 5 de septiembre de 2017
Seguidilla
Los poemas son hogares
con varias puertas:
por algunas se sale,
por otras se entra.
con varias puertas:
por algunas se sale,
por otras se entra.
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jueves, 13 de julio de 2017
Se fue
Se fue un día de donde yo estaba,
como los hojas que se marchan
porque ya no tienen nada que decirnos;
y el viento, porque no encontraba
el susurro sobre el árbol,
absorto e inconsciente, se quedó errando
de una parte a otra huyendo de sí mismo.
como los hojas que se marchan
porque ya no tienen nada que decirnos;
y el viento, porque no encontraba
el susurro sobre el árbol,
absorto e inconsciente, se quedó errando
de una parte a otra huyendo de sí mismo.
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lunes, 26 de junio de 2017
Un suspiro
Un suspiro.
- Me siento muy perdida;
soy náufraga de mí... y por más que miro
va en mis ojos la estrella de un suspiro
y ante el mar tengo el alma detenida.
- ¿Tienes miedo a que en aguas sin medida
y en tierras sin posada ni retiro
navegue tu barquilla en el zafiro?
Somos siquiera un sueño con su herida...
-…que el mar no cura. ¿A qué tan grande el mar
si entre las olas sola no me encuentro
y todo es infinito allá delante?
- ¿A qué tan grande el mar? En mar adentro
siempre tendrás otro tiempo y otro instante,
allí siempre tendrás otro lugar.
- Me siento muy perdida;
soy náufraga de mí... y por más que miro
va en mis ojos la estrella de un suspiro
y ante el mar tengo el alma detenida.
- ¿Tienes miedo a que en aguas sin medida
y en tierras sin posada ni retiro
navegue tu barquilla en el zafiro?
Somos siquiera un sueño con su herida...
-…que el mar no cura. ¿A qué tan grande el mar
si entre las olas sola no me encuentro
y todo es infinito allá delante?
- ¿A qué tan grande el mar? En mar adentro
siempre tendrás otro tiempo y otro instante,
allí siempre tendrás otro lugar.
sábado, 24 de junio de 2017
Soneto en que se advierte al amigo
Advertir al amigo en la desdicha
debo en mi buen hacer para que ahueque
el ala: Ella hará que el mar se seque
y el más rechoncho perderá la chicha.
¡Que tanta adversidad la susodicha
tiene! Hará que el santo mayor peque
y vestirá de harapo al fatuo jeque;
ventura del vivo si no la espicha.
Así que, buen amigo, si te atrapa,
zafa, excusa, galopa, vuela, escapa
si puedes, que sé muy bien de lo que hablo:
yo tuve su fortuna sin ser diablo.
Con todo, cuídala. Y gasta cuidado
si no sabes lo que es tenerla al lado.
debo en mi buen hacer para que ahueque
el ala: Ella hará que el mar se seque
y el más rechoncho perderá la chicha.
¡Que tanta adversidad la susodicha
tiene! Hará que el santo mayor peque
y vestirá de harapo al fatuo jeque;
ventura del vivo si no la espicha.
Así que, buen amigo, si te atrapa,
zafa, excusa, galopa, vuela, escapa
si puedes, que sé muy bien de lo que hablo:
yo tuve su fortuna sin ser diablo.
Con todo, cuídala. Y gasta cuidado
si no sabes lo que es tenerla al lado.
Santander
Santander, tú tenías el latido
del barquero que se adentra en la roja
tarde de la tierra heroica al mar, hoja
marinera yendo por el viento herido.
Yo te estuve en tu bahía enamorada
viendo cómo la marea se empeña
en ahondar tu cuerpo mientras sueña
un duelo eterno por la madrugada.
Santander, ya que en la distancia helada
del mundo tú la acoges y la hospedas
concédele a ella lo que a mí me diste:
sombras vitales por tus arboledas
y luz a su alma, estrella derramada
sobre la arcaica luna del mar triste.
del barquero que se adentra en la roja
tarde de la tierra heroica al mar, hoja
marinera yendo por el viento herido.
Yo te estuve en tu bahía enamorada
viendo cómo la marea se empeña
en ahondar tu cuerpo mientras sueña
un duelo eterno por la madrugada.
Santander, ya que en la distancia helada
del mundo tú la acoges y la hospedas
concédele a ella lo que a mí me diste:
sombras vitales por tus arboledas
y luz a su alma, estrella derramada
sobre la arcaica luna del mar triste.
domingo, 11 de junio de 2017
No nos llevamos nada
No nos llevamos nada.
El lugar y los días donde nacimos
nunca podrán estar más lejos.
Las calles no nos pertenecen.
Ese niño que grita no eres tú
ni podrás serlo. Las calles
tienen otras formas y otras voces.
Sueño de sendas infantiles.
¿Te has vaciado los bolsillos?
-reliquias derramadas sobre la mesilla-.
El espacio es un portalón que se va cerrando;
el tiempo, una fuente hacia el silencio.
¿Apurar el odre en esta hora
lo mismo que el sol hace con la lluvia pasada en el tejado?
El sonido se empoza dentro de sí mismo,
como la barca del pescador que solía
engolfarse sobre el susurro del mar.
El pulso se remansa sin encontrar el mar,
cada vez más lento, cada vez más débil.
El amor son regiones ya perdidas
y, al final, dios no vino.
El sexo es niebla y los hijos, mayores.
La infancia es una talega sin asas
y la juventud se resigna tras el cristal grueso de su cárcel perpetua.
Haremos como aquel perro que tuvimos
que se ovilló al fondo del pasillo
para morirse sin molestar a nadie.
El párpado está dormido -soñador acaso-
y sin madrugada.
Cerramos los ojos. La luz se queda.
El lugar y los días donde nacimos
nunca podrán estar más lejos.
Las calles no nos pertenecen.
Ese niño que grita no eres tú
ni podrás serlo. Las calles
tienen otras formas y otras voces.
Sueño de sendas infantiles.
¿Te has vaciado los bolsillos?
-reliquias derramadas sobre la mesilla-.
El espacio es un portalón que se va cerrando;
el tiempo, una fuente hacia el silencio.
¿Apurar el odre en esta hora
lo mismo que el sol hace con la lluvia pasada en el tejado?
El sonido se empoza dentro de sí mismo,
como la barca del pescador que solía
engolfarse sobre el susurro del mar.
El pulso se remansa sin encontrar el mar,
cada vez más lento, cada vez más débil.
El amor son regiones ya perdidas
y, al final, dios no vino.
El sexo es niebla y los hijos, mayores.
La infancia es una talega sin asas
y la juventud se resigna tras el cristal grueso de su cárcel perpetua.
Haremos como aquel perro que tuvimos
que se ovilló al fondo del pasillo
para morirse sin molestar a nadie.
El párpado está dormido -soñador acaso-
y sin madrugada.
Cerramos los ojos. La luz se queda.
El aire
¡Qué misterio, el aire!
¡Qué henchido y qué completo!
¡Qué lleno de sí mismo, el aire!
Puro alrededor y sin frontera,
el aire.
Ojo puro y peregrino que sin párpados cazcalea,
siervo inmaterial de nuestros límites,
el aire.
La sustancia hecha silencio,
el aire, el aire, el aire...
La mano tendida que fracasa
por el aire
buscando una memoria que no puede conseguir su forma
en el aire;
numen en disolución,
la carne del tiempo que nos roza,
el aire,
sueño sin centro por los aires.
¡Qué preñado de distancias! ¡Qué amor sin labios
buscando un fondo! Él, el mío;
yo, el del aire.
¡Qué frío! ¡Qué todo en sí! ¡Qué muerte la del cuerpo
dentro del aire!
Menos de mí mismo. Dios más lejos
después del aire.
¡Qué henchido y qué completo!
¡Qué lleno de sí mismo, el aire!
Puro alrededor y sin frontera,
el aire.
Ojo puro y peregrino que sin párpados cazcalea,
siervo inmaterial de nuestros límites,
el aire.
La sustancia hecha silencio,
el aire, el aire, el aire...
La mano tendida que fracasa
por el aire
buscando una memoria que no puede conseguir su forma
en el aire;
numen en disolución,
la carne del tiempo que nos roza,
el aire,
sueño sin centro por los aires.
¡Qué preñado de distancias! ¡Qué amor sin labios
buscando un fondo! Él, el mío;
yo, el del aire.
¡Qué frío! ¡Qué todo en sí! ¡Qué muerte la del cuerpo
dentro del aire!
Menos de mí mismo. Dios más lejos
después del aire.
sábado, 20 de mayo de 2017
Motivo extraído nº1
Se fue. Y el triste niño se le quedó mirando
sin saber si se había ido o si se estaba yendo
con su alma hacia otra parte. Morir no es un estruendo
que se va. Morir es irse sin saber cuándo.
sin saber si se había ido o si se estaba yendo
con su alma hacia otra parte. Morir no es un estruendo
que se va. Morir es irse sin saber cuándo.
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sábado, 6 de mayo de 2017
Haikú nº 1
Más largo que un día sin pan:
la eternidad
para el hambriento.
la eternidad
para el hambriento.
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pan
Si acaso sabe el mar de sus extremos
Si acaso sabe el mar de sus extremos
o si es que importa el número en la
arena,
-¿océano o desierto donde ensena
el alma?-, eso nunca lo
sabremos.
Y sentir que sin senda nos perdemos
y ser el hondo miedo que nos
llena
y
esperar con los ojos otra escena
pensando que será porque
seremos...
También el mar es sed por la montaña,
conciencia que fracasa en su marea
una y otra vez, lo mismo que el
desierto
con su arena. ¿Y qué hacer
que no sea
un camino tendido hacia lo incierto
y ser raíz desnuda en tierra extraña?
De un ángel que devolvió el alma
(a ACV, que sufrió aquel barco como un infierno)
Ángel a quien un barco dio sus salas
y un hombre guía apenas de sus manos,
entre barandas sueña los tempranos
días en los que se perdió las alas.
Hoy las pupilas tiene aún más ralas,
como si unos azules y medianos
espíritus se le hubieran malsanos
atravesado entre las tripas malas.
Yo sé que añora la lejana roca
donde sus pies firmaban su consuelo,
porque los claros ojos tiene llenos
de pasados y marea. Y lo menos
que quiere es dar el alma por la boca
por devolverlo todo al blanco cielo.
En la tumba de Antonio Machado
Aquí yace detrás de su frontera
aquel poeta que famélico y hundido
llegó con su memoria hacia el olvido
y el alma vuelta hacia la luz primera.
Pasos dio sobre
la infinita estera
castellana cantando al mar dormido
y a la fuente amplia y a la senda que
se ha ido
sabiendo que ya en sus versos su alma era.
Serio y solitario y sin dar un grito,
fue quien dijo que fue sin callar nunca
lo que debe decirse entre los hombres.
Y si el camino al recodo se trunca
y oscurece, ya sombras y sin nombres
diremos: “Cuanto fui lo dejé
escrito”.
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jueves, 9 de febrero de 2017
Quintetos porque me dijeron
Porque mis palabras eran, dices, tan mías
que perdían su fuerza, como quien con desgana
escribe, o que por ser correcto van vacías
ellas y que en pintura son solo llamas frías
los fuegos que se trazan. Ten pues para mañana
algunos versos míos porque no sé expresarme
mejor que en este modo. Por más que hacia el olvido
el tiempo y la distancia huyan, para encontrarme,
o encontrarte, tan solo necesitas pensarme
o pensarte y encontrarnos sin habernos perdido.
que perdían su fuerza, como quien con desgana
escribe, o que por ser correcto van vacías
ellas y que en pintura son solo llamas frías
los fuegos que se trazan. Ten pues para mañana
algunos versos míos porque no sé expresarme
mejor que en este modo. Por más que hacia el olvido
el tiempo y la distancia huyan, para encontrarme,
o encontrarte, tan solo necesitas pensarme
o pensarte y encontrarnos sin habernos perdido.
sábado, 28 de enero de 2017
El sauce de Perséfone (Romance)
EL SAUCE DE PERSÉFONE
(Siempre encontré un hierro
escondido en las íntimas raíces
de todo misterio,
JMN)
PRIMERA PARTE
En un cabo
de la vega
yace el
sauce centenario.
En el otro está la
aldea.
Tierra es donde tiene
el tiempo
greyes blancas que campean
y un aprisco
resguardado
por si raya la
tormenta,
donde las barquillas labran
la corriente que las sueña
donde las barquillas labran
la corriente que las sueña
y donde el fiero arado urde
los temperos de la siembra
con una ficción
de espigas
de luz y oro que se siegan.
Si no reina la
sequía
y si es favorable la era,
su pan se ganan
jornada
a jornada sin urgencias.
La labranza y la
fatiga
entre sombras la
sestean
mientras el sol se
atardece,
y a la noche, si
se tercia,
se reúnen y platican,
y los críos entre estrellas
chillan, brincan y retozan
alrededor de una
hoguera.
Sanciona una voz perdida:
entre iguales no hay pobreza.
El esparto es de las madres,
los peroles, de la
abuela.
Siglos en la luz sin verbo.
En un cabo está la
aldea
y en el otro extremo el sauce
centenario en su
leyenda,
donde oscilaron a veces
en maromas sombras hueras.
Todo habla en la luz del día
para la mirada atenta:
una fuga entre los ojos
y la astrosa
vestimenta
y la aldea detrás suya
y entre las manos la cuerda,
que si traen el pesar dentro
el alma traen por fuera.
Vino el mozo que en amores
carga el desamor a cuestas
y el
desdén en ceremonia
y una carta con su letra:
Que ni vivo ni me
quiero
si no vivo en quien me
quiera.
Aquí yo sea sin
destino.
Un viento. Risa de yerba
por el sauce. ¿Qué te ríes
de mi desventura inmensa?
Vuelve
el mozo su camino
de camino hacia la
aldea.
Con la asadura podrida
vino aquél de la
taberna
solo, gordo como él
solo.
El dolor que no me deja
que la muerte lo
soporte.
Un aire. El árbol
retiembla.
Quita, quita, cacho gordo,
que no hay rama que te
tenga,
que con tu mitad me
combas
y completo
tú me quiebras.
Mejor te ardan unos
fuegos
que acrisolen estas penas,
que en ceniza todo es
viento,
que en el polvo nada
pesa.
La soga es recia, la
rama
cede y da con él en
tierra.
¡Maldito sea el ramal
y el árbol y la madera!
La maroma vuelve al
sauce
y otra segunda
chasquea,
y al final,
peso abajo, la
rama que troncha tercera
con un golpe duro y
seco
le remata la cabeza.
También vino el conde
antiguo
que perdió la feroz
guerra,
marcial, grave y sostenido.
Mientras la soga reniega
y aparta: Es menos sufrida
la pistola y más
benévola.
Para quitarme la vida
estas manos son primeras.
Y el del augurio
funesto
quiso echar también su lengua
aunque
nunca se atrevió.
Y la madre que en la
puerta
de su habitación los rostros
mortajó del hambre ciega.
Y los
que aireó el oficio
coronados por las cuervas
y una brisa de
muñecos.
Vamos-dijo uno con befa-
que el señor exige
santos.
Y el que atesoraba enferma
a la mujer en el lecho:
Toma, coge mi corteza,
que si las fiebres no sana,
al menos temple su vela.
Vino en una tarde clara
una mula gabarrera
con su gabarrero
triste.
Apronta la horca
severa
y algo torpe se coloca
sobre su inocente bestia.
Cielo, casi una
oración
y con una zanca arrea.
Aprieta los ojos
bizcos.
Reprime. La mula
quieta.
Contrariado la
conmina,
pero, absorta, ni se entera.
Suspira: Salvo de la horca
el cuello por mula necia.
Arre, vamos, que el hogar
ya crepita y se impacienta.
SEGUNDA PARTE
Aquí viene la
doncella.
Con el sol en su silencio,
para que no la sientan,
descalzada se ha marchado.
Con
un oreo trae las prendas
como de
ropas tendidas
y abismada la presencia
y no sé qué espina
aguda
que la impulsa y que la
inquieta
y
un hachón tenue y
encendido
para no perder la
senda.
Porque no ha dormido en meses
trae ojos de noche negra.
Porque aún es una niña
con sus signos de coqueta,
sobre las aguas cerradas,
aguas hoscas que no espejan,
con los dedos por el hombro
se acaricia la melena.
De sus mejillas las lágrimas
surte que en el mar no cuentan,
y mientras retoma el paso
tienta y bisbisea y piensa.
¿Qué tienes, niña?
¿Qué lloras?
Yo tenía mis caléndulas
gavilladas, y ya no.
Grande no será la
pena,
que cuando los años
son
pocos no hieren las ofensas.
Era de avecica,
madre,
la sangre sobre la tela.
Suelta, arroja lo más lejos
de tus puños esa prieta
gargantilla. Sólo guarda
sed avara de inocencia
y un cruel y áspero desierto
que no acaba. Deja, deja.
Suelta, arroja lo más lejos
de tus puños esa prieta
gargantilla. Sólo guarda
sed avara de inocencia
y un cruel y áspero desierto
que no acaba. Deja, deja.
Que yo no quería, madre,
esta falta que me pesa.
Que aquí, de niña, tu madre
esparció su infancia tierna,
que por aquí cruza cándida
la algazara de la escuela,
que aquí verán tus hijos
el sol en su cumbre abierta.
Que no sea aquí tu muerte
bajo el sauce. Deja, deja.
Que aquí, de niña, tu madre
esparció su infancia tierna,
que por aquí cruza cándida
la algazara de la escuela,
que aquí verán tus hijos
el sol en su cumbre abierta.
Que no sea aquí tu muerte
bajo el sauce. Deja, deja.
Traición
de uno de los míos,
que
no hay mayor tragedia;
dos
veces llevo mi sangre
dentro
de mis entretelas.
No eches sobre sus raíces
pardas la pupila ajena.
No eches sobre sus raíces
pardas la pupila ajena.
Quiero
arrancarme las carnes,
madre,
con todas mis fuerzas
y llenarme la garganta
con el sueño de la acequia;
que quiero morirme, madre,
por que nadie me amanezca,
dar la vida por la boca
hasta que al final me pierda
y llenarme la garganta
con el sueño de la acequia;
que quiero morirme, madre,
por que nadie me amanezca,
dar la vida por la boca
hasta que al final me pierda
y
la fuente de mis ojos
liberar
para que vuelva.
No levantes aquí, triste
niña, tu tumba aérea,
que para morir los jóvenes
ya tenéis la vida entera.
Dogal que echa, dogal es que
se derrama y se regresa
hacia sus manos. Al sauce,
con su lástima de fiera,
lanza su mirar oscuro:
¿Qué no quieres que me muera?
Con su sino ya pensado
tira el cinto, que le aprieta.
Más voluntad que deseo,
prepara, dispone y cuelga
en la soga el leal cuello.
Buscando tierra y alma nuevas
en un rapto se decide.
No se vea. Que no se vea
ahora cómo el relámpago,
cómo los astros se cierran,
cómo se marchita el tiempo,
cómo se empoza la estela,
cómo pierde cuerpo el alma,
cómo se queda, ella, muerta.
Pom. Pom. Esta sombra,
no la suya, para ella era.
El pelo cobrizo al alba
y los brazos blancos quedan,
y los pies con verdería
bajo de la airada recta.
De mineral o hierro helado,
que los vientos balancean,
da el badajo en la campana
con sus pies en la madera.
Pom. Pom. Levedad.
Entre vahos se despereza
en su fondo el gabarrero
con su mula gabarrera,
y al salir por la mañana
el paso dormido acerca
reclamado por su letanía.
Pom. Pom. Ella. Ella.
Esta es sobrina de aquel
y la pobre hija de aquella.
Hermosura para muertos,
para muertos una reina.
La desciende con cuidado
como a vencida riqueza.
En la mula cadenciosa
bajo una manta cubierta
de regreso la traslada,
que en otro lado está su aldea.
Motejado por su oficio
yo quizás os escribiera
que vio pasar la redonda
luz de estirpes andariegas
y el crecerse de los campos
y los ciclos por la esfera.
Pero no fue así la historia.
Empezó con unas secas
ramas en que se advertía
eterno el sueño de piedra
perenne que después vino.
Y me escribo en la sospecha
de que no quiso ver más
cómo se abrían las tierras,
para no presenciar nunca
otro infierno en primavera,
ni ser el verdugo inerte
de sus teatros en tinieblas
ni cadalso vegetal
ni ser la letanía hueca
de la vega, ni del pueblo
ni del cuerpo en la madera.
Para no ver (Pom. Pom.)
cómo los muertos rezan.
No levantes aquí, triste
niña, tu tumba aérea,
que para morir los jóvenes
ya tenéis la vida entera.
Dogal que echa, dogal es que
se derrama y se regresa
hacia sus manos. Al sauce,
con su lástima de fiera,
lanza su mirar oscuro:
¿Qué no quieres que me muera?
Con su sino ya pensado
tira el cinto, que le aprieta.
Más voluntad que deseo,
prepara, dispone y cuelga
en la soga el leal cuello.
Buscando tierra y alma nuevas
en un rapto se decide.
No se vea. Que no se vea
ahora cómo el relámpago,
cómo los astros se cierran,
cómo se marchita el tiempo,
cómo se empoza la estela,
cómo pierde cuerpo el alma,
cómo se queda, ella, muerta.
Pom. Pom. Esta sombra,
no la suya, para ella era.
El pelo cobrizo al alba
y los brazos blancos quedan,
y los pies con verdería
bajo de la airada recta.
De mineral o hierro helado,
que los vientos balancean,
da el badajo en la campana
con sus pies en la madera.
Pom. Pom. Levedad.
Entre vahos se despereza
en su fondo el gabarrero
con su mula gabarrera,
y al salir por la mañana
el paso dormido acerca
reclamado por su letanía.
Pom. Pom. Ella. Ella.
Esta es sobrina de aquel
y la pobre hija de aquella.
Hermosura para muertos,
para muertos una reina.
La desciende con cuidado
como a vencida riqueza.
En la mula cadenciosa
bajo una manta cubierta
de regreso la traslada,
que en otro lado está su aldea.
Motejado por su oficio
yo quizás os escribiera
que vio pasar la redonda
luz de estirpes andariegas
y el crecerse de los campos
y los ciclos por la esfera.
Pero no fue así la historia.
Empezó con unas secas
ramas en que se advertía
eterno el sueño de piedra
perenne que después vino.
Y me escribo en la sospecha
de que no quiso ver más
cómo se abrían las tierras,
para no presenciar nunca
otro infierno en primavera,
ni ser el verdugo inerte
de sus teatros en tinieblas
ni cadalso vegetal
ni ser la letanía hueca
de la vega, ni del pueblo
ni del cuerpo en la madera.
Para no ver (Pom. Pom.)
cómo los muertos rezan.
domingo, 1 de enero de 2017
Sol de invierno, si luna equivocada
Sol de invierno, si luna equivocada
eres, o vano frío en las entrañas,
o eres nido de lúgubres arañas,
sé luna equivocada y luz cerrada.
Pero despiértala. La tumba abierta
es tan grande que hasta ella cabe dentro.
Arrecidos pasos sin voz ni encuentro
llevan el ataúd de mamá muerta.
Si luz, despierta su alba de ojos verdes
como todas las mañanas... Su mano.
El mundo. Vamos, niño, que te pierdes.
Vieja angustia infantil en el mercado.
¡Mamá, tu mano! Sombras. Infinito.
Que me pierdo, mamá, dame tu mano.
eres, o vano frío en las entrañas,
o eres nido de lúgubres arañas,
sé luna equivocada y luz cerrada.
Pero despiértala. La tumba abierta
es tan grande que hasta ella cabe dentro.
Arrecidos pasos sin voz ni encuentro
llevan el ataúd de mamá muerta.
Si luz, despierta su alba de ojos verdes
como todas las mañanas... Su mano.
El mundo. Vamos, niño, que te pierdes.
Vieja angustia infantil en el mercado.
¡Mamá, tu mano! Sombras. Infinito.
Que me pierdo, mamá, dame tu mano.
domingo, 2 de octubre de 2016
Cuento de los Poemas a Ellas (MSGJL)
-Cuento de alguien sobre 5 escenas elementales-
I (TIERRA)(M)
II (AGUA)(S)
III (AIRE)(G)
I (TIERRA)(M)
Mucha edad no tenía y lejos se perdió,
buscando fin al bosque o término al camino
o el hogar escondido o la madre y el
reló
que esperaban sentados. Marchó porque
no vino.
Se marchó buscando algo eterno tras
un monte;
y la madre que inquieta desespera en los huecos
del hogar le suplica su rostro al horizonte,
su voz al viento: "¿Está su boca con los ecos
jugando?, ¿es que sus pasos ya no quieren volver?
¿o es que volver no
pueden?, ¿los pasos leves dónde
se esconden?, ¿dónde está mi amado amanecer?".
Y la tierra,
que es muda, se calla y no responde.II (AGUA)(S)
Vástago de las sendas y lejos del hogar,
llegó a la orilla sola y entre las olas vaga.
Y buscando algo en ellas echa su vela al mar,
pero el mar no lo quiere y airado lo naufraga.
Su sueño sin riberas, la abandonada espuma
que lo prohíja en su condena sin sentencia,
y el grito y la esperanza que desespera en suma,
y allí sólo se siente el mar que le silencia.
Pensaba: "Quien se arraiga a solas ya está muerto.
Me arrojo al mar y en él
guardará su voz mi alma."
En las olas dibuja una estela sin puerto
y la
inquieta mirada busca en la mar en calma.III (AIRE)(G)
Con el rostro salino regresó algo
distante,
pidiendo aliento al aire y pasos a la tierra.
Las gentes le preguntan: "¿Qué buscas, caminante?
Notamos en tu rostro que en tu alma una gran guerra
se libra sin piedad, ¿o acaso no lo sabes?"
Dentro de su silencio calla, pues no responde
a sus vagas preguntas. Y mirando a las aves
advierte que el camino pesa sin saber dónde.
Siguiéndolas encuentra un fiero precipicio:
"Como las aves siempre
vuelven con su alto vuelo,
yo quisiera sus alas por volver al
principio."
Y se arroja
a los vientos mirando al ancho cielo.
IV (FUEGO)(J)
Con sus años llegó y el pecho sin alientos,
con el juicio quemado y el cansancio en las piernas
de la tierra a su espalda, del mar y de los vientos.
Delante de un incendio, con sus llamas eternas,
piensa: "Quizás el fuego sea la verdad honesta
que se guardan las almas, el sueño conocido
y último que sospecha de nuestra vida impuesta;
y, al final, regresar todo cuanto hemos
sido".
Con decisión se arroja a su última ventura.
Su cuerpo ya sin forma,
aïres abrazados
que recogen su voz en la encarnada altura,
sus átomos
sin copla y los sueños cerrados.
V (LUZ)(L)
Con la muerte en las manos llegó al último paso.
Recuerda cuanto ha visto y enfrente se arrodilla.
Y dios en su silencio pregunta su fracaso.
Responde con tristeza, con agua en la mejilla:
"No quiero el tiempo cruel ni tu templo extranjero
-ojalá que no todo
muriese en tus estrellas-;
no quiero el verbo limpio de tu claror primero
ni tu
eternidad. ¡Dios!, déjame volver con ellas".
domingo, 25 de septiembre de 2016
Ve lentamente hacia ti misma
(ABMM)
I
No sé si te
dije alguna vez que somos
fragmentos
de una pregunta que nadie hizo,
- quizás sea
más bien que no recordamos
quién nos la
dijo en su principio,
quién nos la
dejó aquí, huérfana y desnuda,
entre las
manos-.
No lo sé, la
verdad, pero lo supongo.
Hoy te
escribo sin destinatario,
porque sé
que en nuestros laberintos
no
hallaremos jamás un centro.
Pero a veces
se escribe
desde la
boca del hambre,
caos original
de todos los deseos que mueve en su vacío;
y se escribe
desde los brazos de Dios,
mármol sin
sangre que va creando destinos sin formas;
y se escribe
desde la luz sin verbo
que se
derrama sin palabras por encima de todas las cosas;
y se escribe
desde la herida invisible del recuerdo,
como el
sueño que en la mañana va cerrándose
hoja a hoja,
hora a hora hacia su olvido.
Te escribo
porque a veces
sentimos que
seamos una sombra
sembrada en
lo más profundo
de la
ausencia.
II
Ve
lentamente hacia ti misma,
hacia el yo
que espera
o hacia el
tú imposible.
¿Dónde
iremos a buscar? me dices.
¿El cuerpo?,
codicia ciega de luz,
desecho de
espinas y relámpagos,
es apenas
una criatura
temblando en
la espesura oscura,
Y el alma -
¿Alma? No sé; esta parte que te escribe
y que al intuirla me sospecha,
cristal impreciso y raíz en tierra extraña-
es una
barca, sed de diferencias,
suficiente
por sí misma,
entre las
olas sola y entregada
al mismo
tiempo a la inmensidad del mar.
Siento no
poder decirte dónde ir a buscar.
Palabras,
palabras, palabras…
que son como
ondas en el agua,
que tiemblan
en su medio
y hacen ecos
a su modo,
para luego
siempre ir hacia su olvido
en ese mar
invertebrado de un océano sin causa.
Ve lentamente
hacia ti misma:
por encima
del tiempo consumido,
consumado,
allí está el
yo que espera,
habitación
de tu misterio
y potencia
pura de tus días.
Ve
lentamente hacia ti misma
Por debajo
del espacio que hace presas
con su prosa
transparente,
allí está el
tú imposible,
que te niega
con el suspiro de los ojos
en un cristal
disperso de lo propio.
Yo siempre
me digo:
los ojos no envejecen nunca,
y cerrarlos
es abrirlos en los de otro.
Ve
lentamente hacia ti misma:
hacia lo
otro de nosotros,
hacia el
gran libro del mundo
por donde la
voluntad hizo los caminos
de tus
huellas venideras.
Ya ves, los
libros son siquiera cuevas
alumbradas
por las conciencias que los adentran,
y el mundo
es un gran silencio.
Yo he
sentido en ocasiones lo espantoso
del
silencio, pero siempre supe que
late al
menos el corazón de quien lo escucha.
Ojalá
pudiera darte tu nombre verdadero,
el de ayer,
el de antes
de que nos
conociéramos,
que es el
mismo que estará después de nosotros,
el que tú
tenías antes de todo
para cuando
ya no estemos.
III
Hoy recuerdo
que tú también rescatabas frases
para la copa
de tu náufrago secreto,
y las
transformabas en oraciones
para esos
dioses pequeños que andan
perdidos en
tu infinitud.
Tiempo
vendrá en que seamos si ahora no somos,
y un día
vendrás traspasada de los años pasajeros,
pero
vencedora de ti misma,
y detenida
ante tu puerta,
con el
espíritu firme, el gesto convencido,
la mirada
serena,
dirás: “esto
es lo que he sido”.
Palabras,
palabras, palabras…
Hoy te
escribo a la melancolía,
aunque no
sepa cómo hacerlo.
Supongo que
la poesía son palabras
para aquello
que aún no tiene nombre,
- acaso sea
un cuaderno para dibujar
la silueta de nuestra eternidad-.
Si te soy
sincero, yo voy buscando apenas
unos pocos y
dispersos destellos de belleza,
momentos que
se conviertan,
con el
tiempo, en palabras en el tiempo.
Este poema
nunca podrá ser como
la música
que amas,
- la música
es algo más allá-,
y nunca será
bello e infinito por sí mismo,
sino breve
burbuja de palabras en su aire.
La belleza
que buscaba,
-que nunca
estuvo en los sermones de los sabios-
tu belleza
hecha en lo eterno
era, verso a
verso,
ver al poema
morir entre tus labios.
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Ve-len
sábado, 20 de agosto de 2016
Maestro Manrique
MAESTRO MANRIQUE
I
Recuerdo tu viejo verso
que leí por vez primera
cuando niño,
y que daba sin reverso
aquella ciencia severa
con cariño.
Recuerdo sentir la vida
con la prisa de quien lleva
cinta en halda,
como un sueño con su herida
que no cierra, siempre nueva
y a mi espalda
II
Los efímeros estados
los perfiles y los muros,
¿son guardianes?
Los concurridos mercados
que devanan los futuros
con afanes,
los espejos, los guarismos,
las monedas suspirando
que dejamos
y cuanto en nosotros mismos
se refugia, ¿para cuándo
los guardamos?
III
Honorables, deportistas,
faraones, seguidores
que se fueron,
abogados y turistas,
profetas y pescadores
que murieron,
los monumentos floridos,
los rascacielos regentes
ahora añejos:
todos quedaron -latidos
y sombras sin continentes
a lo lejos.
IV
Es destino de los hombres
fiar sus horas en altares
inconstantes:
perderemos nuestros nombres,
aunque pobres y vulgares
lleguen antes.
¿A qué, sin pulso, grabado
el bravo gesto fruncido
en un busto?
Todos vamos sin cuidado
caminando hacia el olvido,
que es más justo.
V
Mas yo siento que mi muerte
no quiere ir con la sentencia
que te escribo;
que el dolor mío revierte
sobre mí y en su residencia
es más vivo.
Voces solas, sus acentos:
cada uno la suya lleve
sin pesar;
yo columbro pensamientos
como quien busca una leve
senda al mar.
VI
Como el tenaz campesino
que en su grave esfuerzo labra
tierra aceda,
mi alma espera su camino
al final de una palabra:
todo queda.
Nuestros pasos sin posada,
los recuerdos sin extremos
ni su casa,
y atrás vuelta la mirada
por aquello que perdemos:
todo pasa.
VII
Maestro, perduran las hojas
y las estaciones bellas
son iguales.
Perviven las tardes rojas,
aunque ahora las estrellas
son mortales.
Aún silban las murallas
y relumbran los alcores
que pisabas,
y los ríos y las sayas.
Aún siguen los amores
que cantabas.
VIII
Te han cantado los eximios
don Francisco, don Antonio,
don Rubén,
y aun estos versos nimios
que no quieren testimonio
ni su quién.
Me llevo, con rostro serio
por la singladura humana,
sin querer,
tu poesía y magisterio,
siempre en marcha de mañana
para ayer.
Maestro, si vieras...
-"Antaños
legué mis versos. Entero
fue el tiempo y viví mis años.
Pasó mi era. Voz no quiero."
I
Recuerdo tu viejo verso
que leí por vez primera
cuando niño,
y que daba sin reverso
aquella ciencia severa
con cariño.
Recuerdo sentir la vida
con la prisa de quien lleva
cinta en halda,
como un sueño con su herida
que no cierra, siempre nueva
y a mi espalda
II
Los efímeros estados
los perfiles y los muros,
¿son guardianes?
Los concurridos mercados
que devanan los futuros
con afanes,
los espejos, los guarismos,
las monedas suspirando
que dejamos
y cuanto en nosotros mismos
se refugia, ¿para cuándo
los guardamos?
III
Honorables, deportistas,
faraones, seguidores
que se fueron,
abogados y turistas,
profetas y pescadores
que murieron,
los monumentos floridos,
los rascacielos regentes
ahora añejos:
todos quedaron -latidos
y sombras sin continentes
a lo lejos.
IV
Es destino de los hombres
fiar sus horas en altares
inconstantes:
perderemos nuestros nombres,
aunque pobres y vulgares
lleguen antes.
¿A qué, sin pulso, grabado
el bravo gesto fruncido
en un busto?
Todos vamos sin cuidado
caminando hacia el olvido,
que es más justo.
V
Mas yo siento que mi muerte
no quiere ir con la sentencia
que te escribo;
que el dolor mío revierte
sobre mí y en su residencia
es más vivo.
Voces solas, sus acentos:
cada uno la suya lleve
sin pesar;
yo columbro pensamientos
como quien busca una leve
senda al mar.
VI
Como el tenaz campesino
que en su grave esfuerzo labra
tierra aceda,
mi alma espera su camino
al final de una palabra:
todo queda.
Nuestros pasos sin posada,
los recuerdos sin extremos
ni su casa,
y atrás vuelta la mirada
por aquello que perdemos:
todo pasa.
VII
Maestro, perduran las hojas
y las estaciones bellas
son iguales.
Perviven las tardes rojas,
aunque ahora las estrellas
son mortales.
Aún silban las murallas
y relumbran los alcores
que pisabas,
y los ríos y las sayas.
Aún siguen los amores
que cantabas.
VIII
Te han cantado los eximios
don Francisco, don Antonio,
don Rubén,
y aun estos versos nimios
que no quieren testimonio
ni su quién.
Me llevo, con rostro serio
por la singladura humana,
sin querer,
tu poesía y magisterio,
siempre en marcha de mañana
para ayer.
Maestro, si vieras...
-"Antaños
legué mis versos. Entero
fue el tiempo y viví mis años.
Pasó mi era. Voz no quiero."
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