Mientras el infortunio de un pascuero
suicida, que en el alféizar vacila,
me enseña cuánto el miedo se cavila
al pensar: "es mejor el agujero".
Y, mientras empaqueta mi mochila,
me presagio mi viaje lo primero:
"¡Uf! Ella lo organiza, yo me muero
o nunca llego o el tren se descarrila".
¿Para mí no habrá algún saber hogaño
que me socorra?, porque es manifiesto
que esta o bien me extrema o me jubila.
¿O es que existe un amor tan grande en esto
que me engasta el temblor en la pupila,
la luz en la mañana y amor al daño?
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