¡Qué misterio, el aire!
¡Qué henchido y qué completo!
¡Qué lleno de sí mismo, el aire!
Puro alrededor y sin frontera,
el aire.
Ojo puro y peregrino que sin párpados cazcalea,
siervo inmaterial de nuestros límites,
el aire.
La sustancia hecha silencio,
el aire, el aire, el aire...
La mano tendida que fracasa
por el aire
buscando una memoria que no puede conseguir su forma
en el aire;
numen en disolución,
la carne del tiempo que nos roza,
el aire,
sueño sin centro por los aires.
¡Qué preñado de distancias! ¡Qué amor sin labios
buscando un fondo! Él, el mío;
yo, el del aire.
¡Qué frío! ¡Qué todo en sí! ¡Qué muerte la del cuerpo
dentro del aire!
Menos de mí mismo. Dios más lejos
después del aire.
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domingo, 11 de junio de 2017
domingo, 2 de octubre de 2016
Cuento de los Poemas a Ellas (MSGJL)
-Cuento de alguien sobre 5 escenas elementales-
I (TIERRA)(M)
II (AGUA)(S)
III (AIRE)(G)
I (TIERRA)(M)
Mucha edad no tenía y lejos se perdió,
buscando fin al bosque o término al camino
o el hogar escondido o la madre y el
reló
que esperaban sentados. Marchó porque
no vino.
Se marchó buscando algo eterno tras
un monte;
y la madre que inquieta desespera en los huecos
del hogar le suplica su rostro al horizonte,
su voz al viento: "¿Está su boca con los ecos
jugando?, ¿es que sus pasos ya no quieren volver?
¿o es que volver no
pueden?, ¿los pasos leves dónde
se esconden?, ¿dónde está mi amado amanecer?".
Y la tierra,
que es muda, se calla y no responde.II (AGUA)(S)
Vástago de las sendas y lejos del hogar,
llegó a la orilla sola y entre las olas vaga.
Y buscando algo en ellas echa su vela al mar,
pero el mar no lo quiere y airado lo naufraga.
Su sueño sin riberas, la abandonada espuma
que lo prohíja en su condena sin sentencia,
y el grito y la esperanza que desespera en suma,
y allí sólo se siente el mar que le silencia.
Pensaba: "Quien se arraiga a solas ya está muerto.
Me arrojo al mar y en él
guardará su voz mi alma."
En las olas dibuja una estela sin puerto
y la
inquieta mirada busca en la mar en calma.III (AIRE)(G)
Con el rostro salino regresó algo
distante,
pidiendo aliento al aire y pasos a la tierra.
Las gentes le preguntan: "¿Qué buscas, caminante?
Notamos en tu rostro que en tu alma una gran guerra
se libra sin piedad, ¿o acaso no lo sabes?"
Dentro de su silencio calla, pues no responde
a sus vagas preguntas. Y mirando a las aves
advierte que el camino pesa sin saber dónde.
Siguiéndolas encuentra un fiero precipicio:
"Como las aves siempre
vuelven con su alto vuelo,
yo quisiera sus alas por volver al
principio."
Y se arroja
a los vientos mirando al ancho cielo.
IV (FUEGO)(J)
Con sus años llegó y el pecho sin alientos,
con el juicio quemado y el cansancio en las piernas
de la tierra a su espalda, del mar y de los vientos.
Delante de un incendio, con sus llamas eternas,
piensa: "Quizás el fuego sea la verdad honesta
que se guardan las almas, el sueño conocido
y último que sospecha de nuestra vida impuesta;
y, al final, regresar todo cuanto hemos
sido".
Con decisión se arroja a su última ventura.
Su cuerpo ya sin forma,
aïres abrazados
que recogen su voz en la encarnada altura,
sus átomos
sin copla y los sueños cerrados.
V (LUZ)(L)
Con la muerte en las manos llegó al último paso.
Recuerda cuanto ha visto y enfrente se arrodilla.
Y dios en su silencio pregunta su fracaso.
Responde con tristeza, con agua en la mejilla:
"No quiero el tiempo cruel ni tu templo extranjero
-ojalá que no todo
muriese en tus estrellas-;
no quiero el verbo limpio de tu claror primero
ni tu
eternidad. ¡Dios!, déjame volver con ellas".
miércoles, 31 de octubre de 2012
El pozo de Dios
Abismo de los cielos, noche oscura,
océano de arena suspendida,
derramada, caverna contenida
de ecos de no nacida sepultura,
muda claridad de azabache y pura,
yo soy de un dios sin tiempo desprendida
lumbre, yo soy un alma en la carne herida,
ceniza ardiente hacia tu fría altura.
Cantando a las voces que nunca han sido,
quiero llover sus sombras en la tierra,
triste verso que en mi silencio cabe.
Quiero ser la mañana que se encierra
vieja y sangre en las tardes del olvido,
espacio en que la vida a sueño sabe.
océano de arena suspendida,
derramada, caverna contenida
de ecos de no nacida sepultura,
muda claridad de azabache y pura,
yo soy de un dios sin tiempo desprendida
lumbre, yo soy un alma en la carne herida,
ceniza ardiente hacia tu fría altura.
Cantando a las voces que nunca han sido,
quiero llover sus sombras en la tierra,
triste verso que en mi silencio cabe.
Quiero ser la mañana que se encierra
vieja y sangre en las tardes del olvido,
espacio en que la vida a sueño sabe.
viernes, 12 de octubre de 2012
V
Sepan que Dios tiene su propia geometría, y que no tiene
nada que ver con la suya. Él tiene las cuentas de lo infinito, de las
paralelas. Ustedes las verán juntarse allá a lo lejos. Creerán que caminando
algún día llegarán a ese punto en el que se unen, pero no es así. Ya cansados
de andar, dirán que lo que importa es el camino. Qué remedio, cojan ese
consuelo. A mí me dijeron una vez que si quería conocer a Dios, y yo respondí
que ojalá no hubiera, porque lo que era tiempo no tenía para eso.
Ustedes no lo
sabrán, pero lo que se conoce como el principio de los tiempos, Dios lo llama,
ya se lo digo yo, “el gran pedo”. Espero que me ahorren el explicarles lo que
en realidad son las galaxias después de esas tremendas flatulencias divinas.
Pero la historia no acaba ahí. La cosa es que, como Dios es un guarro y no tira
de la cadena, en esas galaxias empezaron a proliferar unos microorganismos, que
en nuestro particular caso ya podemos darnos por aludidos. Y como Dios no se
dio cuenta de que la había liado parda, ya nosotros empezamos a preguntarnos
qué puñetas era aquel desorden, aquel inconcebible caos, e intentamos darle
leyes como mejor pudimos. Pero, claro, luego nos pegamos tantos años trabajando
con el sudor de nuestras frentes sin poderle ver ni las chancletas al Divino,
que la devoción se hizo queja. Dios lo hizo Todo, pero, coño, es que ahora no
hace nada. Y ahora que el tiempo sí que corre, mira tú por donde, no somos ni omnipotentes
ni inmortales como Él. Nos las apañamos como mejor podemos, y que Dios se
encargue de los agujeros negros. No voy a reprocharle el hambre, la guerra y
las miserias. Ya se ha hecho y se sigue haciendo. Pero yo, como Iván, le
devuelvo la entrada ¡Qué crueldad es esta, la de saber! La de saber que Dios
puede estar o no estar, de vivir en la puta, perdón, en la pura incertidumbre.
Joder, por lo menos deja una clave que no sea tu desidia. Si eres, seremos unos
niños buenos. Si no eres, seremos los mayores hijos de puta de la historia.
Aunque mejor pensado, es triste que tengamos que pensarTe para saber como
comportarnos.
La mayor crueldad
de Dios fue la de dejarse caer, al principio para dejarnos este enorme pastel,
y luego caprichoso como siempre para pasearse por aquí diciéndonos veleidoso e
infantil “¡ah! no, yo ahora soy un hombre, y el mejor de ellos”. Prepotencia donde
las haya. Yo, para mí, que a la que hizo primero fue a Eva, vamos, me apuesto
el pellejo, por lo de la imagen y semejanza. Si no a qué iba a cargar tanto
contra las mujeres, y a requerir tanto a los hombres. Cuando no se le hacía ni
puto caso, se mosqueaba y se los cargaba a todos, ahogados para más inris. Qué se
escantillaban un poquillo, pillaba un berrinche y se liquidaba en una plaga a
todas las descendencias. Pero luego siempre había que estar pendientes, adorándole
con detalles y obsequios, porque muchas veces parece que Dios responde más a la
imagen de una novia pesada, necesitada de cariño y atenciones, que a cualquier
otra cosa. Ya cuando vio que esto era un despiporre no le quedó otra que
venirse más acá, y en cuanto nos dimos cuenta de quién era, se las hicimos
pagar todas juntas. Y espérense ustedes que no nos salga la venganza por la
culata otro día, que si el infierno es fuego vivo, el cielo es de los parajes más
gélidos. A mí ya me da igual, con esto seguramente me habré sentenciado yo
solito. Solo espero que haya un sitio especial para aquellas personas que se lo
merecen.
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