I (TIERRA)(M)
Mucha edad no tenía y lejos se perdió,
buscando fin al bosque o término al camino
o el hogar escondido o la madre y el
reló
que esperaban sentados. Marchó porque
no vino.
Se marchó buscando algo eterno tras
un monte;
y la madre que inquieta desespera en los huecos
del hogar le suplica su rostro al horizonte,
su voz al viento: "¿Está su boca con los ecos
jugando?, ¿es que sus pasos ya no quieren volver?
¿o es que volver no
pueden?, ¿los pasos leves dónde
se esconden?, ¿dónde está mi amado amanecer?".
Y la tierra,
que es muda, se calla y no responde.II (AGUA)(S)
Vástago de las sendas y lejos del hogar,
llegó a la orilla sola y entre las olas vaga.
Y buscando algo en ellas echa su vela al mar,
pero el mar no lo quiere y airado lo naufraga.
Su sueño sin riberas, la abandonada espuma
que lo prohíja en su condena sin sentencia,
y el grito y la esperanza que desespera en suma,
y allí sólo se siente el mar que le silencia.
Pensaba: "Quien se arraiga a solas ya está muerto.
Me arrojo al mar y en él
guardará su voz mi alma."
En las olas dibuja una estela sin puerto
y la
inquieta mirada busca en la mar en calma.III (AIRE)(G)
Con el rostro salino regresó algo
distante,
pidiendo aliento al aire y pasos a la tierra.
Las gentes le preguntan: "¿Qué buscas, caminante?
Notamos en tu rostro que en tu alma una gran guerra
se libra sin piedad, ¿o acaso no lo sabes?"
Dentro de su silencio calla, pues no responde
a sus vagas preguntas. Y mirando a las aves
advierte que el camino pesa sin saber dónde.
Siguiéndolas encuentra un fiero precipicio:
"Como las aves siempre
vuelven con su alto vuelo,
yo quisiera sus alas por volver al
principio."
Y se arroja
a los vientos mirando al ancho cielo.
IV (FUEGO)(J)
Con sus años llegó y el pecho sin alientos,
con el juicio quemado y el cansancio en las piernas
de la tierra a su espalda, del mar y de los vientos.
Delante de un incendio, con sus llamas eternas,
piensa: "Quizás el fuego sea la verdad honesta
que se guardan las almas, el sueño conocido
y último que sospecha de nuestra vida impuesta;
y, al final, regresar todo cuanto hemos
sido".
Con decisión se arroja a su última ventura.
Su cuerpo ya sin forma,
aïres abrazados
que recogen su voz en la encarnada altura,
sus átomos
sin copla y los sueños cerrados.
V (LUZ)(L)
Con la muerte en las manos llegó al último paso.
Recuerda cuanto ha visto y enfrente se arrodilla.
Y dios en su silencio pregunta su fracaso.
Responde con tristeza, con agua en la mejilla:
"No quiero el tiempo cruel ni tu templo extranjero
-ojalá que no todo
muriese en tus estrellas-;
no quiero el verbo limpio de tu claror primero
ni tu
eternidad. ¡Dios!, déjame volver con ellas".
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