sábado, 20 de agosto de 2016

Maestro Manrique

MAESTRO MANRIQUE

I
Recuerdo tu viejo verso
que leí por vez primera
cuando niño,
y que daba sin reverso
aquella ciencia severa
con cariño.
Recuerdo sentir la vida
con la prisa de quien lleva
cinta en halda,
como un sueño con su herida
que no cierra, siempre nueva
y a mi espalda

II
Los efímeros estados
los perfiles y los muros,
¿son guardianes?
Los concurridos mercados
que devanan los futuros
con afanes,
los espejos, los guarismos,
las monedas suspirando
que dejamos
y cuanto en nosotros mismos
se refugia, ¿para cuándo
los guardamos?

III
Honorables, deportistas,
faraones, seguidores
que se fueron,
abogados y turistas,
profetas y pescadores
que murieron,
los monumentos floridos,
los rascacielos regentes
ahora añejos:
todos quedaron -latidos
y sombras sin continentes
a lo lejos.

IV
Es destino de los hombres
fiar sus horas en altares
inconstantes:
perderemos nuestros nombres,
aunque pobres y vulgares
lleguen antes.
¿A qué, sin pulso, grabado
el bravo gesto fruncido
en un busto?
Todos vamos sin cuidado
caminando hacia el olvido,
que es más justo.

V
Mas yo siento que mi muerte
no quiere ir con la sentencia
que te escribo;
que el dolor mío revierte
sobre mí y en su residencia
es más vivo.
Voces solas, sus acentos:
cada uno la suya lleve
sin pesar;
yo columbro pensamientos
como quien busca una leve
senda al mar.

VI
Como el tenaz campesino
que en su grave esfuerzo labra
tierra aceda,
mi alma espera su camino
al final de una palabra:
todo queda.
Nuestros pasos sin posada,
los recuerdos sin extremos
ni su casa,
y atrás vuelta la mirada
por aquello que perdemos:
todo pasa.

VII
Maestro, perduran las hojas
y las estaciones bellas
son iguales.
Perviven las tardes rojas,
aunque ahora las estrellas
son mortales.
Aún silban las murallas
y relumbran los alcores
que pisabas,
y los ríos y las sayas.
Aún siguen los amores
que cantabas.

VIII
Te han cantado los eximios
don Francisco, don Antonio,
don Rubén,
y aun estos versos nimios
que no quieren testimonio
ni su quién.
Me llevo, con rostro serio
por la singladura humana,
sin querer,
tu poesía y magisterio,
siempre en marcha de mañana
para ayer.

Maestro, si vieras...
                                -"Antaños
legué mis versos. Entero
fue el tiempo y viví mis años.
Pasó mi era. Voz no quiero."

No hay comentarios:

Publicar un comentario