miércoles, 13 de julio de 2016

Heureux qui comme Ulysse, a fait un beau voyage...

Cuando pienso en el paso del tiempo, imagino la vida como una larguísima cuerda interrumpida por varios nudos. Cada tramo entre esos nudos sería el estado habitual de nuestra conciencia, durante el cual existimos sin darnos cuenta de que corren los minutos, las horas, los días y los años. Los nudos en sí representarían aquellos instantes o aquellas etapas de nuestra existencia en las que, por algún motivo (un acontecimiento importante, un recuerdo, una conversación, una percepción sensorial...), despertamos, se enciende nuestra lucidez y nos vemos forzados a reflexionar, dando marcha atrás y volviendo a vivir el pasado desde la distancia. Sé que conocéis esos momentos en los que se piensa en lo deprisa que pasa todo y se nos escapa de las manos. Deseamos haber sido lo suficientemente espabilados como para haber aprovechado ciertos instantes que luego han resultado ser más importantes de lo que parecían, o bien haber relativizado más algunas reacciones exageradas. ¿Por qué no dije esto? ¿Por qué no hice lo otro? ¿Tendré oportunidad de volver a ese lugar que tanto me gustó? Es cierto que las cosas nos comienzan a faltar en el momento en que nos las quitan y ya no hay vuelta atrás.
La nostalgia es un sentimiento de suma belleza, casi tan poético como el amor, pues probablemente sean estas emociones las que han hecho correr más ríos de tinta. Ambas son capaces de encogernos el corazón de manera literal y producirnos vértigo: son la esencia misma del sentirse vivo. Creo que cuanto más echas de menos algo, ya sea un lugar, una persona o un período de tu vida, con mayor intensidad lo experimentaste. Qué maravilloso es sonreír ante los recuerdos, apoderarse de ellos, saber que son únicamente tuyos para jugar con ellos a tu placer, avanzando y retrocediendo en sus escenas, enfocando las palabras, los lugares, las personas que más te marcaron. Es una intimidad sin igual contigo mismo. Por eso es tan importante aprovechar cada día, porque nunca sabes cuándo tu mente puede hacer volar tu memoria hacia rincones insospechados, y es necesario que esas ocasiones, estés preparado para tener algo de lo que nutrir tu espíritu.
La falta es lo único que nos hace apreciar verdaderamente las cosas. Como se suele decir, no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, y es así. Es por ello que la nostalgia dignifica al pasado; un pasado que se construye como tal como conciencia de algo ya vencido. Si echamos de menos algo, es porque nos damos cuenta de que fue bueno. Probablemente sólo así nos concienciemos de nuestras experiencias en toda su plenitud. También nos confiere la esperanza de continuar con el objetivo de revivir aquello que añoramos; y así, forjamos el camino, que es lo único que importa, lo único valioso.

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