lunes, 5 de octubre de 2015

Yo no sé si son tus pasos,
que susurran en ciudades extranjeras,
o el viento enramado del jardín,
o el sueño mudo de un esclavo,
o el rumor insomne de los astros,
o las sombras breves de lo que se ya ha ido,
los que han dejado estos niños
llorando hambrientos de deseo.
Ya no sé si son tus días,
ajenos y lejanos,
o la carne pulsada por el frío,
o la adusta sed de la tierra,
o todos los dioses infernales del mundo,
o la sabia letanía de los muertos,
los que han dejado estos caminos
hechos de distancia entre nosotros.
Y tampoco sé quién te ha construido
en ti, en cualquier lugar tan lejos,
para que nunca te sea,
como un fruto sin su árbol;
ni sé quién te ha construido
en mí, tenue sueño siempre en mí,
para que jamás te sepa,
como un espejo hecho pedazos.

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