lunes, 5 de octubre de 2015

En esta tempestad que nunca empieza

En esta tempestad que nunca empieza
un desastre se anuncia sostenido
por no sé qué señales sin latido,
cual tumba abierta en la que nadie reza.

El mar, deshecho, ni siquiera brama,
el cielo parece un grito sin garganta,
y el aire herido es furia que me espanta;
la tierra, ronco pecho y piel sin rama.

¿Acaso puede, en una blanda pausa
reinar serenamente la tragedia,
y no romper, habiendo tanta causa?

Siento mi alma blandida contra el cieno,
siempre en guardia ante el mal que me demedia,
¡y siempre suspirando por el trueno!

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