jueves, 7 de mayo de 2015

Crónicas del Parnaso

CRÓNICAS DEL PARNASO

I
Se encontraban Chéjov y Oscar Wilde en el Parnaso discutiendo:
- Disculpe que le diga, pues me parece grosero y caradura, que usted sólo se dedica a vivir del cuento.
- Pues usted bien podría escribir ciego con la pluma que le sobra... ¡Ups! Excúseme, don Homero, no pretendía ofenderle pues no le había visto.
- Ni yo a usted tampoco.
Esopo que pasaba por allí, anotó: "Es de provecho no ser ni ruso ni irlandés, que están en todos los fregaos, aunque siempre acaba pagando el griego".

II
Un dia estaban discutiendo Edgar Allan Poe y Federico García Lorca en los mismos términos que antes, sólo que siguió cobrando el griego.

III
Llegó Vicente Aleixandre a la falda del monte Parnaso y estaba ante él como un pecador ante San Pedro, buscando caminos por ver si cuela algún paso, pero se encontró de bruces con el ángel guardián, que lo puso a prueba:
- Debe usted medir su pluma con la lira de Apolo.
Se la sacó entonces Aleixandre, resultando que era mucho mayor su arte que la lira del dios, a lo cual sentenció el ángel:
- Lo siento mucho, don Vicente, pero excedéis el metro exigido para entrar: la poesía no consistía en escribir por ver si cuela. La tenéis demasiado grande y aquí no entra.
Esopo escuchó sólo lo último y lo anotó.

IV
Estaban un día confabulados Dante, Dostoievski y Shakespeare, por incitación y cita de este último, para destronar a Cervantes de las lisonjas y parabienes con que Apolo le agraciaba por encima de todos los escritores del lugar.
- Es insoportable toda la gracia que le prodiga... príncipe de los ingenios... de mis cojones príncipe - injuriaba acalorado el Bardo- y los aires que se da de manco... mano tonta es lo que tiene. Manco de verdad es el ilustre Valle-Inclán, pero él...
- Cierto, cierto.
En esto llegó Walt Whitman pidiendo parte y concierto en la conspiración, mas le respondieron que las conspiraciones no podían ser de más de tres y hubo de marcharse por donde había venido.
- Hemos de subir hasta la cima y raptar a las Musas -instigaba aún más el inglés.
-¡Uf! que va, que va... que a mí tan cerca de Apolo me dan las paranoias - se retractaba el ruso.
- ¡Uf! subir... que va, que va, yo como no sea cuesta abajo -se retractó también el florentino.
Y quedóse Shakespeare solo, rabiando, como un cisne viejo, en la fuente Castalia. Esopo que pasaba por allí, anotó: "La falta de voluntad hace fracasar muchos proyectos, y todo porque el puto Dostoievski va a su puta bola, el muy cabrón".

V
- Anodino y tedioso, eso es lo que usted es, que cuando intenté leeros, no veía yo la hora de acabar la obra y me quería pegar un tiro.
Criticaba así de malintencionado un día Góngora a Hemingway, mas sin contar que Larra, de espaldas, viéndose aludido también, giróse y sumóse a la refriega para mayor alboroto del lugar. Esopo que pasaba, anotaba: "El Parnaso es un pozo de traperos mordaces, aunque el Larra es ya de por sí un calentitas".

VI
- Nadie es profeta en su tierra.
- Yo sí.
- Cómeme la polla un rato, anda, Virgilio -respondió Cela ante la prepotencia.
Esopo que pasaba, anotaba: "Habiendo tierras, y si hay profetas, no entiendo por qué no habría de haber profetas en su tierra, aunque, bueno, eso no quita que estos dos son unos chulos".

VII
Estaban de guateque en el Parnaso, como suelen, y a saber: Rimbaud echando gurundanga en los cubatas de Woolf y Dickinson, y Verlaine poniendo el vaso cerca para que aquél se equivocase, Shakespeare y Cervantes a las manos, Camus y Dostoievksi bajo la sombra de una frondosa encina; el resto formaban una línea destartalada de borrachos y alharaca pegados a una barra sin escatimación de ninguna clase. En la otra esquina del jardín, solo y denodado en los platos, DJ RuDa (sépase: Rubén Darío), cuyo arte musical y título del estro latino eran desatendidos, aunque no por ello disminuía su fervor. Esopo, que pasaba midiendo la calle anotaba: "Hoy estoy demasiado inspirado: mejor dejo la moraleja para otro día".

VIII
Estaba Esopo un día junto al río, que pasaba por sí mismo, y mirándose pensó: "Estamos perdiendo facultades, viejo amigo". Y por ello dejó de anotar estas fábulas torpes y desaliñadas fuera de todo ingenio.

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