La lágrima tiene una luz terrible
sobre el rostro del hombre viejo,
y es la encarnación de tragedias antiguas,
o el fantasma de un aciago presente,
¡no sé qué males son tan poderosos
que puedan resolver su laberinto
de marchitas claridades,
y hacer temblar en la pupila
el agostado timbre!
Ya veis, los niños lloran siempre,
y tienen, como él, el paso torpe,
pero el viejo sólo guarda crepúsculo
en la voz,
que supo dejar en la abierta plaza
capricho, delirio y llanto.
Sólo memoria.
Sólo memoria.
Ya veis, que su piel no está hecha
para el curso,
como la limpia tez del niño,
antes guarda el destino de la tierra
seca.
Y veréis, en una mañana tierna,
cerrado el sueño, abierta la flor del
olvido,
que sólo esperaba ser llorado;
pero no sé qué males puedan llegar tan
lejos,
ni qué pecado tan tremendo llevamos
en las lágrimas del semblante anciano.
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