Vestida iba de lágrimas y risa,
cantando con tierno cascabel,
con espejos de azul claro,
ella, rostro de bella y dulce cosa.
Esperando en el oscuro hangar,
crecía su tímida inocencia,
con la mano cubierta de racimo,
los pétalos entonaron un llano gorigori,
y volaron los suspiros, moriré.
Sin tus besos dulces, casi
mágicos, que de tu ser sereno
brotaban puros y mayores,
moriré en tus horas muertas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario