jueves, 13 de julio de 2017

Se fue

Se fue un día de donde yo estaba,
como los hojas que se marchan
porque ya no tienen nada que decirnos;
y el viento, porque no encontraba
el susurro sobre el árbol,
absorto e inconsciente, se quedó errando
de una parte a otra huyendo de sí mismo.

lunes, 26 de junio de 2017

Un suspiro

Un suspiro.
- Me siento muy perdida;
soy náufraga de mí... y por más que miro
va en mis ojos la estrella de un suspiro
y ante el mar tengo el alma detenida.

- ¿Tienes miedo a que en aguas sin medida
y en tierras sin posada ni retiro
navegue tu barquilla en el zafiro?
Somos siquiera un sueño con su herida...

 -…que el mar no cura. ¿A qué tan grande el mar
si entre las olas sola no me encuentro
y todo es infinito allá delante?

- ¿A qué tan grande el mar? En mar adentro
siempre tendrás otro tiempo y otro instante,
allí siempre tendrás otro lugar.

sábado, 24 de junio de 2017

Soneto en que se advierte al amigo

Advertir al amigo en la desdicha
debo en mi buen hacer para que ahueque
el ala: Ella hará que el mar se seque
y el más rechoncho perderá la chicha.

¡Que tanta adversidad la susodicha
tiene! Hará que el santo mayor peque
y vestirá de harapo al fatuo jeque;
ventura del vivo si no la espicha.

Así que, buen amigo, si te atrapa,
zafa, excusa, galopa, vuela, escapa

si puedes, que sé muy bien de lo que hablo:
yo tuve su fortuna sin ser diablo.

Con todo, cuídala. Y gasta cuidado
si no sabes lo que es tenerla al lado.

Santander

Santander, tú tenías el latido
del barquero que se adentra en la roja
tarde de la tierra heroica al mar, hoja
marinera yendo por el viento herido.

Yo te estuve en tu bahía enamorada
viendo cómo la marea se empeña
en ahondar tu cuerpo mientras sueña
un duelo eterno por la madrugada.

Santander, ya que en la distancia helada
del mundo tú la acoges y la hospedas
concédele a ella lo que a mí me diste:

sombras vitales por tus arboledas
y luz a su alma, estrella derramada
sobre la arcaica luna del mar triste.

domingo, 11 de junio de 2017

No nos llevamos nada

No nos llevamos nada.
El lugar y los días donde nacimos
nunca podrán estar más lejos.
Las calles no nos pertenecen.
Ese niño que grita no eres tú
ni podrás serlo. Las calles
tienen otras formas y otras voces.
Sueño de sendas infantiles.
¿Te has vaciado los bolsillos?
-reliquias derramadas sobre la mesilla-.
El espacio es un portalón que se va cerrando;
el tiempo, una fuente hacia el silencio.
¿Apurar el odre en esta hora
lo mismo que el sol hace con la lluvia pasada en el tejado?
El sonido se empoza dentro de sí mismo,
como la barca del pescador que solía
engolfarse sobre el susurro del mar.
El pulso se remansa sin encontrar el mar,
cada vez más lento, cada vez más débil.
El amor son regiones ya perdidas
y, al final, dios no vino.
El sexo es niebla y los hijos, mayores.
La infancia es una talega sin asas
y la juventud se resigna tras el cristal grueso de su cárcel perpetua.
Haremos como aquel perro que tuvimos
que se ovilló al fondo del pasillo
para morirse sin molestar a nadie.
El párpado está dormido -soñador acaso-
y sin madrugada.
Cerramos los ojos. La luz se queda.

El aire

¡Qué misterio, el aire!
¡Qué henchido y qué completo!
¡Qué lleno de sí mismo, el aire!
Puro alrededor y sin frontera,
el aire.
Ojo puro y peregrino que sin párpados cazcalea,
siervo inmaterial de nuestros límites,
el aire.
La sustancia hecha silencio,
el aire, el aire, el aire...

La mano tendida que fracasa
por el aire
buscando una memoria que no puede conseguir su forma
en el aire;
numen en disolución,
la carne del tiempo que nos roza,
el aire,
sueño sin centro por los aires.
¡Qué preñado de distancias! ¡Qué amor sin labios
buscando un fondo! Él, el mío;
yo, el del aire.

¡Qué frío! ¡Qué todo en sí! ¡Qué muerte la del cuerpo
dentro del aire!
Menos de mí mismo. Dios más lejos
después del aire.

sábado, 20 de mayo de 2017

Motivo extraído nº1

Se fue. Y el triste niño se le quedó mirando
sin saber si se había ido o si se estaba yendo
con su alma hacia otra parte. Morir no es un estruendo
que se va. Morir es irse sin saber cuándo.